Desde que tengo uso de razón
mi inclinación religiosa apunta hacia un Dios supremo que todo lo puede, cada
ser vivo que hábitat en nuestra tierra es obra y arte de él. Nunca he compartido
esa idea de las personas que dicen ser ateos, pero a cada quien se le respeta
sus creencias, al igual que otras religiones y culturas donde practican
sacrificios, violaciones, mutilaciones entre otros. El hecho es que creas en lo
que creas, siempre existirá un poder divino o en tu vida pasarán episodios
bastante místicos como el que me sucedió y que deseo compartir con todos
ustedes.
Un día por la noche como
a eso de las siete, salimos mi compañera de residencia y yo en búsqueda de pan
para cenar, esa noche queríamos comer pan, realmente veníamos por el camino
deseando el pan e incluso orando poder comprarlo. Recordando que cuando vives
en Venezuela hasta para poder comprar pan, es un deseo difícil de cumplir debido
a que su producción es poca, la venta es regulada y las colas son largas, pero
este día era nuestro día de suerte. Logramos conseguir afortunadamente el pan
sin necesidad de cola. Una vez comprado el pan, nos regresamos a casa y justo
en medio de la calle nos encontramos un pan tirado, mi compañera y yo sonreímos,
ninguna de las dos lo quería agarrar, hasta que me decidí y lo tome yo; aún se
encontraba caliente. Era increíble para nosotras porque además de pedir en oración
poder comprar pan también pedimos que
los panes se multiplicaran y alcanzarán para todas en nuestra casa, yo
realmente lo vi como una prueba de que mi Dios, tu Dios siempre está allí, a
nuestra disponibilidad, escuchando nuestras necesidades, más allá de pensar de quien pudo ser, o a quien se le ocurriría
dejar un pan ahí, éstas y otras interrogantes fueron las que me hice no se los puedo negar, pero
el señor actúa de formas muy misteriosas y difícil de comprender así que solo
le agradecí antes de cenar.
